Licencia menstrual en Colombia: Lo personal es político

Análisis
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Hace varios días se viene discutiendo una propuesta de licencia menstrual para las mujeres en Colombia que considerararía los dolores menstruales como una causa de incapacidad para mujeres laboralmente activas. 

Por: Lorena Hernández Hernández. * 

Varios países, como Japón y Corea del Sur ya han implementado esta medida y en Italia se encuentra en debate. A las mujeres en Japón, particularmente desde 1947, se les ha concedido permiso menstrual; en Corea del Sur, las trabajadoras han tenido derecho a un día de descanso cada mes desde el año 2001 (Lu, 2016).

Como es de esperarse, se han generado múltiples debates en torno a esta propuesta en el país. Varios de sus contradictores se sustentan con el argumento de que esto puede afectar la contratación de mujeres y aumentar la brecha salarial entre sexos. Sin embargo, es una mirada reduccionista, pues solo permite pensar estas situaciones desde la perspectiva económica al servicio del capital y, además, las cifras no sustentan este argumento: En países donde se ha adoptado esta medida, dicho fenómeno no ha ocurrido, de hecho, en Japón las mujeres han logrado ascender laboralmente y avanzar en la escala de equidad de derechos políticos, jurídicos y laborales. En  Colombia, desde el 2017 se amplió la licencia de maternidad que tenía los mismos contraargumentos y los resultados dieron muestra de otra realidad: La brecha salarial disminuyó y las cifras que reveló el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) contradicen las aseveraciones de los empresarios, pues la tasa de desempleo de las mujeres jóvenes se redujo 1,5 % entre noviembre de 2016 y enero de 2017.

Hablar de esta licencia implica reconocer dos elementos: En primer lugar, no se trata de una licencia obligatoria para cada ciclo menstrual de las mujeres, sino de una incapacidad para aquellas que sufren enfermedades y dolores severos como la disminorrea, un “desorden ginecológico en mujeres en edad reproductiva. Una condición debilitante que afecta a millones de mujeres en todo el mundo”, según lo explica la Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología, de la Federación Colombiana de Asociaciones de Obstetricia y Ginecología. De acuerdo con el informe, el dolor menstrual se da casi en la mitad de las mujeres en el mundo, lo que puede afectar en un 15 % el rendimiento laboral (Muñoz, 2017).

En segundo lugar, la iniciativa sitúa otro elemento en juego y es poner en lo público lo que siempre nos han hecho ver y reservar como privado: el cuerpo de las mujeres y la menstruación como un ciclo normal en personas con ovarios. 

Debatir de esta licencia implica pensarnos desde lo político el cuerpo femenino, pero además pensarlo desde las mujeres. Las mismas que no hacen las leyes, que no pueden aprobarlas y que ni siquiera son tenidas en cuenta para argumentar sus puntos de vista sobre este tema y otros que atraviesan nada más y nada menos que sus cuerpos. 

Esta licencia representa la posibilidad de mejorar las condiciones laborales de las mujeres, de asumir el derecho a una salud diferencial, pero no inequitativa, y que se piense en función de nuestras necesidades y no en función de ganancia o pérdida para el sistema económico capitalista en el que vivimos. 

 

*Socióloga e integrante de La Liga de las Mujeres. 

 

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