La Marcha Patriótica es la nueva realidad popular y de masas de este país,

quizás la organización social y política de más exitoso surgimiento en los últimos años.

Mira su protagonismo, en el paro, en la movilización del 9 de abril por la Paz y en las constituyentes regionales. Esto demuestra su capacidad de convocatoria a favor de la paz”,

Carlos Lozano Guillen (2015)

Hace dos años recibíamos la infausta noticia del fallecimiento de nuestro camarada, compañero y amigo Carlos Lozano Guillen. Luego de su estoico y último combate contra una enfermedad que enfrentó con dignidad hasta su último aliento. Se fue con el triunfo de sus combates en contra de los enemigos de la paz, a quienes confrontó y desenmascaró toda su vida, siempre saliendo incólume de atentados, señalamientos y hasta perversos montajes judiciales. Nos dejó la experiencia y el ejemplo para luchar sin ambigüedades por el pueblo colombiano.

El camarada Carlos, como solíamos decirle cariñosamente, será recordado como un hombre radicalmente comprometido en la lucha por la paz con justicia social, un periodista excelso que, contra viento y marea, aún en las peores épocas de la persecución política y la estigmatización, mantuvo vigente el semanario Voz, una publicación decana de la prensa independiente a los poderes políticos, que irrumpió tras la caída de la dictadura de Rojas Pinilla, a finales de la década de los 50. Sostuvo el Semanario Voz de forma enérgica y constante, mantenido durante todos estos años una línea editorial fuera de la tutela de los medios convencionales. El camarada Carlos, no permitió ni el cierre, ni la parálisis del semanario, ante la persecución, la negación de pauta para financiarse y todos los intentos por asfixiarle. Voz ha sobrevivido, con su perfil crítico y objetivo, una huella dejada por Carlos tras los más de veinte años como director, siguiendo el legado del histórico Manuel Cepeda Vargas, periodista y senador de la Unión Patriótica, asesinado por el Estado colombiano en 1994.

No solo fue su integridad, como periodista consumado y comprometido, lo que le daría un inmenso reconocimiento, no solo en el país, sino allende de sus fronteras. Carlos se la jugó toda siempre por la salida política al conflicto social y armado colombiano, no solo porque fuera la bandera de su partido, sino, y por encima de todo, porque era parte de su profunda convicción, su propósito trascendente, su legado, un compromiso que lo llevaría al activismo permanente por alcanzar la paz con justicia social para Colombia.

Carlos, en todas las tribunas a las que acudía, ponía al centro la lucha por la paz, desde su editorial semanal de voz que llamó: “Mirador”, desde donde lanzaba propuestas, filosos dardos a los enemigos de la paz, hacía llamados a la unidad y trazaba estrategias en la búsqueda de la paz. “No podemos desistir en ese camino”, decía sin vacilaciones, desafiando las estructuras paramilitares, quienes le pusieron bombas para asesinarlo en su casa, en la sede del periódico, y como es nefanda costumbre en esta tierra, le habían condenado a la muerte. No se amilanó, se mantuvo siempre con la frente en alto, con altivez. Hasta su último suspiro mantuvo arriadas sus banderas, sin declinar ni un instante en su tarea esencial: la paz. Una trayectoria reconocida por propios y extraños.

A finales de la década de los años 90, Carlos Lozano fue designado en una Comisión de Notables que tenía como objetivo diseñar una propuesta para alcanzar la paz entre las FARC-EP y el gobierno del expresidente Andrés Pastrana, en los frustrados diálogos de paz en el Caguán, rotos por orden de los EE. UU. y por el gobierno. Trabajó con fiereza para lograr su éxito, sabiendo que una ruptura catapultaría a la extrema derecha colombiana al poder. Al enterarse de la decisión gubernamental para acabar con esa posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz, rechazó inmediato la postura de Pastrana y señaló los enormes costos humanos y políticos que tendría para Colombia, y no se equivocaba. A la ruptura sobrevino la guerra total financiada por el Plan Colombia, diseñado por EE. UU. mientras Pastrana distraía al país con los diálogos de paz. Una época que recordamos, fuera de las versiones oficiales del uribismo, como un momento de desasosiego, miedo y autoritarismo, al desatarse una confrontación que se rebelaba cada día como una tormenta de violencia incontrolable, que afectaba especialmente a las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes.

Carlos, aún en ese escenario guerrerista, siguió encabezando el trabajo por la paz. Tiempos en los que la lucha por la salida política y la paz eran considerados traición a la patria, cuando los tambores de guerra redoblaban en toda la sociedad, tras la victoria electoral del militarismo. Quien luchaba por la paz, era objeto del señalamiento y de linchamiento mediático. En ese contexto de sombras y dificultades, Carlos se mantuvo de pie, agitando la bandera de la paz, acompañando a los procesos sociales, campesinos y ciudadanos, visibilizándolos en su semanario, y haciendo gestiones y buenos oficios por aproximar posiciones y lograr un nuevo escenario de dialogo. Su voz coherente y decidida siguió escuchándose sin vacilación en medio del delirante discurso de la guerra.

Carlos lozano, participó en todas las acciones por la búsqueda del acuerdo humanitario que destrabara la posición de guerra del uribismo, sus gestiones y aportes le valieron el reconocimiento del Gobierno de la República de Francia, quien le concedió la máxima distinción que puedan otorgar, lo nombro Caballero de la Orden Nacional de la Legión de Honor. Su trabajo también fue reconocido por las víctimas del conflicto, por las familias de secuestrados y por las familias de las prisioneras y prisioneros políticos.

Carlos abrió las páginas de su periódico al debate de ideas, a las voces de los sectores en contienda, aún sabiendo los riesgos que ello traen en el país donde pensar distinto es una condena de muerte. Se pueden leer en el periódico voz una historia popular, la versión de los de abajo, de las gentes del común. Una labor periodística que trataba de poner la palabra por encima de los improperios de la guerra, allí se exponían los planteamientos de los grupos rebeldes como protagonistas de la confrontación, Carlos consideraba que el país debía conocer las posturas y planteamientos de la insurgencia, para potenciar los espacios que permitieran avanzar en una negociación, haciendo uso de la libertad de prensa. Notas periodísticas que luego serían utilizadas para desatar una persecución política en su contra, de la que salió airoso.

Fue protagonista indiscutible de la iniciativa social y popular que llevó a la conformación de la Marcha Patriótica. Siempre estuvo presto a ofrecer sus mejores esfuerzos para su consolidación, hizo parte de su Junta Patriótica Nacional, destacándose en el desarrollo de esta experiencia popular, construida desde abajo, desde la Colombia profunda, desde la ruralidad, y que irrumpió como un proyecto político y social de dimensión nacional, marcando un momento de inflexión en la política que agito con fuerza la bandera de la paz, aportando en un gran movimiento social que contribuyó indiscutiblemente para abrir el camino de la negociación política, que desembocaría en el Acuerdo Final de paz, entre las FARC-EP y el Estado Colombiano.

En la Marcha patriótica, Carlos siempre estuvo en la primera línea, aportando en sus debates organizativos, en el impulso de sus iniciativas políticas y sociales, fue un hombre profundamente comprometido con nuestra propuesta de la unidad del movimiento popular colombiano. Una etapa convulsionada y apasionante de movilización y apertura a la disputa política para nuevas generaciones, que coincidió infortunadamente con el diagnóstico de la mortal enfermedad que le invadió. Enfermedad, que como hemos dicho, no fue impedimento para mantener su vigorosa actividad política en pro de la unidad y la paz.

El Acuerdo de Paz de la Habana, fue, sin duda alguna, un triunfo fundamental para Carlos, la mejor de las noticias que cubrió y publicó en su vida. Carlos fue indiscutiblemente uno de sus arquitectos, sus últimos días los dedicó a defenderlos y a exigir su implementación, como la mejor manera de abrir el camino a la democracia profunda e incluyente por la que siempre luchó.

A Carlos lo sorprendió la muerte hace dos años, dando la batalla para continuar aportando al sueño democrático y popular de la justicia social. Unas semanas antes de su partida física, había comunicado, al Partido Comunista y a la Marcha Patriótica, que se tomaría algunos días para los procedimientos médicos, con la esperanza de volver pronto a seguir asumiendo sus compromisos y tareas. Nunca se rindió, ni para luchar por la paz, ni para superar la dura enfermedad que padecía. En ningún momento, durante esos meses y días tan duros de tratamientos y dolores, lo vimos bajar la guardia o la altivez en el discurso. Carlos siempre fue coherente con sus convicciones y principios, se fue así con ganas de seguir luchando, sin pensar un minuto en que su trabajo se tomaría un descanso.

En estos momentos tan difíciles para el país, en los que se reeditan los vientos de guerra y los militaristas están en la Casa de Nariño, pensamos a Carlos como un ejemplo, para no desfallecer, para pensar y actuar con consecuencia, mirando al futuro con el propósito de trabajar día a día por el pueblo, por la paz con justicia social y por la democracia real. A dos años de su partida, le extrañamos en su consejo y su aporte lucido, escribimos estas palabras para rendirle homenaje al hombre de la paz, al hombre del ejemplo para todos y todas, con una estatura ética y moral sin tacha, un luchador irreductible por la vida y la paz de Colombia.

Compañero Carlos Lozano, Hasta la Victoria Siempre, seguiremos dando todo por la paz con justicia social.

23 de Mayo 2020

Comité Operativo Nacional

Coordinación Política y Social Marcha Patriótica

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Comunicación Comunicados CARLOS LOZANO GUILLEN, EL INCANSABLE LUCHADOR POR LA PAZ CON JUSTICIA SOCIAL